(Pisas
la mañana sin garras en los labios. Brazos que anulan todo ahí fuera)
Podrías
empezar por los rincones y desempapelarlo
todo, con tranquilidad. Siéntate un momento y mira, mira. No tienes ningún
reloj en contra, ni plomo en los zapatos. Como vuelven las chispas de lo que
habías enterrado, siéntate y míralas. Despídete ahora sí, de una forma rotunda
y final, porque nunca se empieza con nada a rastras, y no querrás otro
principio al revés. Esperabas algo como…
miedo quizá. Como encontrar los puntos medios y esas leyendas que siempre se persiguen. Y no hay nada. La pared descascarillada, y ya
está- nada más.
El vacío te ancla cuando menos lo esperabas. Aquí viene…
