Hay una clase de personas a las que les brillan los ojos cuando levantan la mirada del suelo. De esas que alargan los silencios entre cada frase, y tienen las manos llenas de gestos lentos. Quebradizas, perdidas.
Las odio.
Y pensé que tenías claro todo lo que yo odiaba. Los números que nunca usé de excusa, las quejas a las que cambié el argumento, el tomate que nunca comí crudo... o esas personas a las que me hiciste parecer.
Quizá no tendrías que haberte acercado tanto, cuando yo empezaba alejarme (de mí). Tendrías que haber abierto la puerta, y que me fuera sin más. En teoría no tenían que importarte esos detalles… // me odio un poco más y me conozco un poco menos.

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