Te he
visto minarte tantas veces que he aprendido a reconocer donde pongo mis propias
bombas. Y es que no te dabas cuenta de donde rompías tus verdades y acababas
así, perdiendo las palabras entre giros estúpidos, sobre las mismas curvas en
las que elegiste perderte a ti. (ELEGISTE)
No
sabes la cantidad de cosas que podría decirte y que ya no reconocerías como tuyas,
pero te juro que aquí son, te juro que en mi cama siguen estando mis verdades,
porque aprendí a no tirarlas.
El suelo estaba para pisarlo, no para
reptar.

